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Una mujer (5)

Una mujer (5)  
 Hay una mujer. Me ama. Lucha contra el pasado, en concreto contra el pasado individual y colectivo, el pasado propio y el del país. No puede resignarse. Por ejemplo, es incapaz de digerir la rendición de 1849 en Világos. «Quizá si el general Dembinski hubiese tenido una pizca más de talento...» O «¿por qué el gran Kossuth no fue capaz de simpatizar un poco más con el gran Górgey? ¿Sabe usted qué nalgas tenía yo? No, usted no lo sabe. No, no se le ocurra pensar en unas nalgas de yegua, en un remolino estilo barroco, o en alguna cosa así, trivial aunque pretenciosa... Usted sólo ve lo que existe. El 18 de febrero de 1853, un aprendiz de sastre llamado János Libényi cometió un atentado frustrado contra el emperador. Usted sólo ve que mis nalgas se están cayendo, que han empezado a caerse y que continúan cayéndose».
 Le gusta besarse (ver Kossuth-Górgey), una alegría desenfrenada se apodera de ella, se ríe, a carcajadas, a mandíbula batiente — todo esto son otras formas de besarse. «¡Qué juego más divertido! —me dice entre risas dentro de mi boca—, más, venga, un poquito más». Su lengua se le pone dura, casi me golpea en el velo del paladar, se pone a trinar allí dentro, en la oscuridad, en mi oscuridad. «Usted es el Paganini de los besos», le digo con toda humildad. «¡Cierra el pico! ¡Estoy trabajando!» Los besos recorren su cuerpo, su cuello, ese arco bronceado, rostro, nariz, ojos, besos en la mirada, nuca, cabeza., los muslos se mueven, muy ligeramente, se tocan y se separan, costillas y huesos...
 «Rendición en la llanura de Majtény», dice entre suspiros.

Peter Esterházy/Una mujer

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1 comentario

oruga -

Hay una mujer. Me ama. Lucha contra el pasado..
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